helbardot

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El arte de la cicatriz

por Evelio Rojas.

Té de Manzanilla & otros poemas.

Katherine Mansfield

Selección, traducción y prólogo de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich,

Edición bilingüe,

Bajo la luna

Argentina

91 pp.

2006

La traducción literaria puede considerarse una constante labor de redescubrimiento, un modo continuo de interpretación que trata de entender la manera en que algunas impurezas o adherencias extrañas pasan de un idioma a otro. Un término griego en un diálogo platónico o la ambigüedad de alguna palabra en alguno de los Evangelios se puede convertir en un interminable y fructífero camino de investigación filológica y, al mismo tiempo, la enésima traducción de un poema de John Donne  puede ofrecer con naturalidad endecasílabos memorables en español: en pocas palabras, la traducción es un proceso evolutivo solidario con la unidad de la obra literaria.

Por otro lado, también la traducción puede ejercer el arte del descubrimiento. Un nuevo abrir de ojos ante una mirada que rescata la pericia de un traductor que vive de los hallazgos, que se nutre del acopio de lecturas.  Este es el caso de la antología poética de Katherine Mansfield (1888-1923), preparada por Mirta Rosenberg y Daniel Samoiolovich, donde se puede descubrir una veta poco conocida de la escritora neozelandesa. La pluma de Mansfield ha sido clave fundamental en el arte del cuento hasta nuestros días y ha opacado el arte de sus versos que comparten el temperamento y sensibilidad que distingue al universo narrativo que habitan sus personajes.

La sencilla mirada poética de Mansfield no revela una vocación tardía.  Su poesía no escapa a la descripción vivaz de su obra narrativa.  Esta antología la da a conocer como una testigo que espera con paciencia a que el universo detone en finos detalles como en el poema “Voces en el aire”:

Pero entonces llega ese raro momento

Para el que ninguna causa encuentro

Cuando las voces del aire, muy pequeñas,

Suenan por encima del mar y del viento.

La primera estrofa del poema es un preludio a una revelación.  Porque el universo poético de Mansfield es una límpida memoria que recoge la diversidad del mundo en breves intensidades. La estrofa final de “Voces en el aire”, revela una verdad emanada puntualmente pero, al mismo tiempo, esconde una emoción compleja en su economía lingüística. Una verdad sin redundancia, porque todo ocurre por primera vez:

Son estas voces mínimas: la  mosca, la abeja

La hoja que se abre-la vaina que estalla-

La brisa que mece las cimas del follaje-

El rápido chirrido que el insecto hace-

Sorprende encontrar breves esplendores líricos y sarcásticos donde se siguen las huellas de mitos clásicos para  afirmar sin cortapisas:

El niño Cupido, cansado del día invernal,

Sollozaba clamando cielos claros, abiertos,

Hasta que ¡niño tonto! Perdió lo ojos de tanto llorar-

Y las violetas nacieron.

El poema titulado “Por qué el amor es ciego” concluye con un verso que conserva su sorpresa natural en español.  Los traductores han respetado el estilo de Mansfield que impregna y  hace surgir una mirada que desnuda las apariencias, esa contemplación directa que dimana pietas y descubre las oquedades de la intimidad doméstica como al inicio del poema “Soledad”:

Ahora es la Soledad que viene de noche

en vez del Sueño, a sentarse junto a mi cama

Como una niña cansada espero oír sus pasos,

Y la miro mientras sopla la vela suavemente.

“Fuego del invierno” es uno de los poemas más directos de este libro.  Describe un complejo estado de bienestar, apenas defendido por una habitación encortinada en invierno, en una ciudad extranjera:

Acurrucada junto al fuego

Todos los recuerdos del día gris y penumbroso

Se reducen a nada, y ella olvida

Que afuera en la calle la lluvia que cae

Embarra la vereda hasta un grasoso pardo.

Que en la mañana debe empezar de nuevo

Y otra vez buscar lo que no vendrá-

El poema continúa en su esplendor sólo para ser rasgado de tajo por el ruido mundano y ensordecedor:

De pronto, de la calle, una explosión de sonido,

Un organillo, giró y chirrió & resolló

La voz ebria, el hipo bestial de Londres.

La poesía de Katherine Mansfield no escapa a los personajes de sus cuentos.  Su obra poética es una depurada colección de personajes carcomidos por la profunda nostalgia, por los seres queridos muertos (esta antología incluye conmovedores poemas escritos a su hermano muerto en 1915). Leer a Katherine Mansfield a través de esta antología es acercase a su desnudez expresiva, es encontrar una feliz simplicidad formal donde se contemplan imágenes verdaderas de las minúsculas cosas.

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